jueves, 28 de enero de 2016

48. BAÑOS DE AGUA SANTA.



BAÑOS DE AGUA SANTA.
La caída de esa enorme cascada llevaba una fuerza endemoniada y el paisaje que se construía con su desplome,  era simplemente espectacular.
Desde la selva amazónica tomamos un bus a nuestro siguiente destino, el trayecto en el bus comprendió un paisaje hermoso, el paso de un ecosistema selvático a uno de montaña, con montañas inmensas con todos los tonos de verde que uno puede imaginar y con caídas de agua que desde la carretera parecían ser tan finas como hilos blancos.
Nuestra llegada a la ciudad de Baños fue ya en la noche, allí nos esperaba Juliana Flechas, una amiga que había conocido en Bogotá y que ahora el destino nos había hecho coincidir por segunda ocasión  en un punto mágico como lo es Baños.  Nos hospedamos en un hostal lleno de viajeros que lleva por nombre “La Posada del Abuelo”, la cual es una casa antigua muy bien adaptada y vigilada por una escultura en cartón del chavo del ocho, pero lo más sorprendente es la cascada que se encuentra al fondo de la calle y que engalana la vista desde el hostal,  dicha cascada esta iluminada  por las noches con una luz verde y  lleva por nombre la Cabellera de la Virgen,  aparte de todo ha sido adecuada con unos lavaderos públicos que usan el agua de la cascada y con una zona de devoción a la Virgen de Baños; dicha cascada es muy característica en este cantón pues desde varios puntos, como la plaza principal, se alcanza a divisar claramente.


 
A la mañana siguiente nos dimos cuenta estábamos protegidos por la naturaleza pues las montañas nos  rodeaban por todos lados, unas enormes prominencias verdes.  Al mediodía subimos a la mitad de una de ellas por el sendero de la Virgen, la caminata implicaba caminar por  algunas zonas resbalosas pero en general era bastante simple, pero llena de sorpresas por parte de la naturaleza, con una vista formidable del pueblo y de las montañas que por todos lados lo rodean.  Esa tarde todavía Luis y yo fuimos a jugar futbol a las calles del pueblo, en una cancha pública que tenía un mural de la Pachamama al fondo.




Nuestro segundo día comprendió un tour mágico en bicicleta a la ruta de las cascadas.  Salimos como a las once de la mañana con nuestras bicicletas rentadas; para comenzar tuvimos que salir a la carretera que lleva a Puyo y la única indicación que nos dieron fue que había que cruzar el primer túnel y los otros no, simplemente había que tomarlos por el lado de la derecha.   Los señalamientos en la carretera eran bastante buenos, los autos y camiones que por allí transitan,  en general son muy respetuosos con los turistas que andan en bicicleta, la mayor parte del camino era de bajadita, pero hay algunos puntos en que si había que pedalearle duro; de entrada para llegar a la primer cascada de la Chamana la subida era totalmente empinada, tanto que en algún punto fue mejor bajarnos de la bicicleta y empujarla, luego  de admirar la catarata había que bajar y volver a la carretera original,  allí había que continuar pedaleando. Durante todo el trayecto nos fuimos encontrando con algunas cascadas más: la de Agoyan, la del Manto  de la Novia, la Cascada del Inca, y alguna otra que se veía a lo lejos o que caía en medio del camino; en algún punto  del camino se llegaba a ese túnel que nos habían mencionado, era estrecho y había que tomarlo para atravesar el cerro, la sensación de ir pedaleando y ver que entraba un automóvil al túnel explotaba la adrenalina pues daba la sensación de que el auto te iba a golpear, pero a final de cuentas si había espacio suficiente. Finalmente después de haber pedaleado 18 kilómetros, según lo que nos dijeron, llegamos a  Río Verde, un poblado donde había una piscina natural con una escultura de una sirena en medio, y con un paisaje en tonos verdes, tanto así que incluso el agua de la piscina tenía un cierto tono verdoso. 







 

Pero  justamente en ese pueblo estaba la entrada a una cascada denominada “El Pailón del Diablo”, yo desde antes había escuchado el nombre y me había llamado la atención porque el término pailón no me quedaba del todo claro. El recorrido lo hicimos la Flechas, Luis y yo, junto con Facu y Nadia, un par de argentinos que habíamos conocido en uno de los descansos que habíamos hecho a medio camino; desde que entramos al sendero Luis comentó que iba a estar buena pues se escuchaba muy fuerte la caída, conforme nos íbamos acercando el sonido de la cascada era cada vez más intenso, con un eco enorme como si estuviera siendo amplificado con una bocina, hasta que por fin llegamos al punto en que percibimos cual era la causa de ese sonido al estar frente a frente con la cascada. La caída de esa enorme cascada llevaba una fuerza endemoniada y el paisaje que se construía con su desplome,  era simplemente espectacular.  Allí entendí lo que significaba “pailón” (1) solo de admirar lo que tenía frente a mí. Luego hicimos un recorrido por un costado de la cascada en una especie de túnel en el que había que ir de ladito y  en algunos puntos se tenía que ir a gatas, dentro de ese túnel  el eco del sonido del agua se amplificaba aún más. La magia en ese lugar fue tanta que decidimos que era el lugar indicado para tomarnos la famosa foto con las banderas, allí aparecimos  Luis, Juliana, y yo, sosteniendo las banderas y al fondo una cascada con todo su poderío natural. 

Para cuando regresamos por las bicicletas  ya estábamos bastante cansados así que decidimos tomar la opción de regresar en un bus, que era como una camioneta de redilas acondicionada para llevar las bicicletas y unas banquitas de madera para los pasajeros; allí tomamos asiento y comenzamos a ver al revés el trayecto que habíamos hecho unas horas antes, una especie de Vu Deja.
El último día en Baños aproveche para lavar algunas prendas en los lavaderos públicos que están junto a la cascada,  allí no había chismes de lavadero, solo una enorme cascada con la cual conversar. Todo ese paisaje de Baños y todas esas caídas de agua terminan por ser tan purificadoras, que a uno solo le queda recordarlas por siempre.


(1)                Definiciones de Pailón según la región.
En Bolivia, Ecuador y Honduras: Terreno bajo y redondo;
En Colombia: Vasija cilíndrica de metal, porcelana o barro, que tiene gran tamaño;
En Venezuela: Movimiento giratorio del agua o remolino que se forma en los ríos caudalosos.

Escrito por David Herrera González.
24 de Enero de 2016.














viernes, 15 de enero de 2016

47. DE QUITO A MISAHUALLI, DOS TIPOS DE SELVA DISTINTOS.





DE QUITO A MISAHUALLI, DOS TIPOS DE SELVA DISTINTOS.


De la selva de concreto al Amazonas, con toda la fuerza natural.

 


La ciudad de Quito resulto ser una ciudad muy interesante  con una vibra muy tranquila, en especial si se considera que es la capital,con un centro histórico lleno de estilo y de historia, con unas montañas andinas y unos volcanes al fondo desde donde baja un viento frío. En Quito  tuve la suerte de conocer a muchos viajeros en el hostal New Bask en la zona de la Mariscal, principalmente argentinos, franceses y colombianos, donde en las noches las pláticas fluían en torno al tema de viajar y recomendar lugares; en Quito además de pasar el año Nuevo también me tocó pasar mi cumpleaños, y por cuestiones del  destino termino siendo un cumpleaños digno de recordar, donde pude conocer al hermano de mi tía Patricia, el Pájaro, una persona que yo solamente conocía por platicas y que ahora me toco venir a conocerlo en la mitad del mundo, él junto con su esposa Ana coincidentemente nos invitaron a cenar el día de mi cumpleaños, así que ese día pude festejar con comida árabe y brindando con unas Pilsener  (cerveza popular ecuatoriana), pero eso no fue todo sino que el domingo posterior a mi cumpleaños pude seguir con la celebración con una excelente sorpresa que incluyo mole, tequila, cervezas y un delicioso pastel, en casa de Ana y Pájaro quienes tienen un hermoso hogar lleno de decoraciones de todo el mundo, lleno de música y lleno de buena energía, y por si fuera poco con una asombrosa vista  desde donde se veían los Andes, el Panecillo y la parte norte de la ciudad. 
Por fin después de dos semanas en la capital pudimos salir hacia nuestro próximo destino, en el trayecto hacia la terminal de buses inter provinciales nos dimos cuenta de la gran extensión de Quito pues el subirnos al eco vía (bus público)   con todas nuestras maletas en hora pico, fue una clara muestra del gran caos que se genera en  esta importante ciudad.
Después de Quito llegamos a Tena una ciudad que es la entrada a la selva del Amazonas del lado ecuatoriano, pero allí solamente pasé la primera noche y luego salí en otro bus hasta el pueblo de Misahualli, el cual es considerado como el primer puerto turístico del Amazonía.  El plan original en Ecuador era hacer la ruta del sol que baja por toda la costa del Pacifico, pero durante nuestra estancia en  Quito la gente comenzó a mencionar mucho la ruta del oriente hacia la selva, y mucha gente mencionaba Misahualli, en especial famoso porque en la plaza principal puedes ver monos o changos que allí conviven con la gente en algo que ellos ven como parte de su territorio. En cuanto llegue a Misahualli y nos bajamos del bus, me sorprendió el ver a una familia de monos haciendo de las suyas, un changuito golpeando su fresa contra el suelo para poder comérsela, un chango más gordito que parecía ser el papá o el líder de la manada, pero la mejor imagen fue cuando fui al malecón por donde pasa el río Napo y de pronto se apareció un chango cargando a su cría en la espalda en medio de la gente. La selva del Amazonas en esta parte del planeta tiene un estilo muy único, aunque se parece a la parte chiapaneca que visitamos al principio del viaje y un poco a Tikal en Guatemala, tiene cosas muy propias de esta zona.  Desde que llegue note ese peculiar sonido de los insectos en la selva, y de pronto el grito de los monos, aquí la vegetación es verde para donde se te ocurra voltear, y hace un calor húmedo bastante insoportable, y más después de haber estado en las frías noches de Quito. Aquí el simple hecho de caminar es una experiencia única, el dormir escuchando los ruidos de la noche, el ver las estrellas y la luna postradas sobre el río son un deleite. 

 

Hoy fue el segundo día en Misahualli,  por la mañana me entere de la llegada a este mundo de Sofía la hija de Cesar y Yazz allá en Aguascalientes, lo cual fue un excelente presagio para un gran día; así que al mediodía Luis y yo fuimos a conocer la cascada de las Latas, que resulto ser uno de esos lugares que me hacen recordar cuál es la razón por la que estoy viajando, el simple hecho de estar en contacto de esta manera con la naturaleza, me carga la energía para seguir buscando destinos semejantes a este. La caminata comenzó por un sendero en medio de la selva brincando troncos y pasando por charcos resbalosos, admirando mariposas multicolores que volaban frente a mis ojos y de vez en cuando viendo caer finamente a las hojas de los árboles, encontrándome con insectos raros y con una variedad de especies del reino funghi. Pero después de una caminata no muy larga llegamos a una hermosa cascada donde después de haber caminado bajo los rayos del sol, era digno darme una refrescada con el agua de la cascada, la caída del agua era algo fuerte pero servía de masaje para el cuerpo, allí había varias piedras donde uno se podía sentar a recibir el agua cayendo de la cascada, tan limpia y purificadora.  De regreso todavía nos detuvimos  en otra parte del río para volver a nadar un poco y jugar con los pequeños toboganes naturales que allí se formaban. Fue un día mágico que concluyo en el malecón viendo la luna en forma de uña salir en lo alto del cielo postrado sobre el río Napo, en la entrada del Amazonas.

Cuando uno viaja es importante cambiar de sintonía rápidamente y aprender a disfrutar lo que se te va poniendo en frente, el paso de la selva de concreto en Quito a un lugar tan tranquilo y tan natural como Misahualli son experiencias bastante distintas, pero que en ambas hay muchos recuerdos dignos de contar, pero ahora ya es momento de dormir, los insectos de la selva siguen haciendo ese ruido arrullador, el cual tengo que aprovechar antes de que los monos comiencen a hacer bulla.

                         “Y al final de cuentas pudieron más mis pulgas en Quito que los insectos de la selva.”


Escrito por David Herrera González.

14 de Enero de 2016.