UNA NAVIDAD A MEDIAS.
En medio de la melancolía se
apareció redonda, la luna, postrada
encima del volcán Imbabura.
Colombia quedo atrás ahora la realidad es Ecuador, en la mitad del mundo, así como en el medio de
nuestro recorrido, y cuando cruzamos la frontera con una media luna que daba
miedo de tan bella.
El primer lugar en el que nos detuvimos fue la ciudad fronteriza de
Tulcán, un pueblo pequeño que tiene una plaza con una escultura muy peculiar de
Bolívar cabalgando, y que su parte más turística es su cementerio. Un
cementerio con esculturas podadas sobre arboles de ciprés, inmensos y con un
arte muy, pero muy, interesante, una experiencia que hasta cierto modo pareciera
surrealista por las vibras de un cementerio combinadas con algo magnifico como
son esas esculturas y con la naturaleza desbordada al fondo.
Después de un par de días llegamos a la ciudad de Ibarra, a nuestra
llegada en la noche yo pude notar la silueta de una enorme montaña, supuse que
por su magnificencia se trataba de un volcán y al siguiente día pude comprobar
que se trataba del Volcán Imbabura. En Ibarra tuvimos la gran fortuna de que
nos recibiera la familia Mejía, personas de esas con las que uno sueña conocer
cuando planea viajar, gente humilde pero rica por su gran corazón que nos
trataron como si fuéramos parte de su familia.
Allí la ciudad cuenta con varias iglesias lo que me llamo la atención es
que por fuera en la parte superior tienen una escultura de la virgen o el santo
principal de la iglesia, también cuenta con un mercado llamado Amazonas, con
características latinas por todos lados, con su zona de comidas, de frutas y
verduras, de venta de ropa, de dulces y donde la gente te va invitando a que
compres a tu paso por cada uno de los locales. Algo que me gustó mucho fue, una
tarde que venía regresando del centro a la casa en el bus, de pronto se
multiplicaron los volcanes, de un lado estaba el Imbabura al fondo y por la
ventanilla del lado derecho se apareció otro volcán de nombre Cotacachi.
A unos cuantos kilómetros de Ibarra pudimos ir a la laguna de Cuicocha
(Laguna de los Dioses) la cual se localiza en un cráter volcánico al pie del
volcán Cotacachi en la cordillera occidental de los Andes, dicha laguna fue
formada hace miles de años en una erupción del volcán donde la lava expulsada
termino formando un par de islas dentro de la laguna, y el suelo fértil ahora
es ocupado por una vegetación muy variada que va desde cactus y magueyes, hasta
pinos y flores exóticas. El color del agua tiene un tono de azul muy hermoso
donde la brisa del viento forma pequeñas olas con otros tonos de azul; por el
borde de la laguna se puede hacer una caminata que dura cuatro horas
aproximadamente por un sendero bien señalado, donde conforme vas subiendo la
vista va cambiando, puedes apreciar claramente de un lado la laguna y del otro
el volcán, con algunas montañas verdes y luego al fondo un pequeño bosque
incrustado en un pequeño cerro, hasta llegar al punto donde se distingue
perfectamente el canal que divide el par de islas que se encuentran en medio de
la laguna.
El día 24 de Diciembre, nosotros dejamos Ibarra con rumbo hacia Otavalo,
sin saber cómo iba a ser esta navidad, al mediodía mientras iba en el bus,
lleno de gente y de vendedores ambulantes, yo pensaba que tal vez iba a ser una
navidad bastante miserable para Luis y para mí, para cuando llegamos al pueblo
comenzamos a buscar donde hospedarnos y las primeras opciones parecían bastante
deprimentes hasta que el destino nos llevó a un hostal con cocina donde al
menos podríamos hacer algo especial para cenar, las personas que atendían el
hostal eran una pareja de colombianos bastante amables, así que subimos a
nuestro cuarto, allí nos encontramos con otra colombiana y un par de franceses,
quedamos de al menos tomarnos unas
cervezas para celebrar la navidad. Así que una vez ya instalados salimos a
comprar algo para hacer de cenar, decidimos que una pasta a la boloñesa bien
elaborada sería buena opción así que salimos y compramos todo. Para cuando
regresamos al hostal intente hablar a casa para saludar a todos, con un
sentimiento de nostalgia y con ganas de estar allá, pero pues afortunadamente
pude desearle feliz navidad a todos, pero mientras estaba hablando por teléfono en la terraza de
arriba, de pronto se apareció la luna,
una luna llena que comenzaba a salir detrás del volcán Imbabura, una
vista hermosa, un espectáculo digno de la Navidad. A final de cuentas cuando
estaba por comenzar a cocinar, resulto que William y Sonia los dueños del hostal iban a cenar allí y nos
invitaron a compartir con ellos, así que a final de cuentas esa navidad que no
era como la de todos los años, esa media navidad fue bastante agradable en
compañía de Felipe, otro colombiano, y de Tao un chino, terminamos cenando un
pollo en salsa muy rico y un tamal colombiano acompañado de un par de cervezas
Pilsener, ya pasada la medianoche fuimos al parque de los ponchos que estaba
vacío y nos encontramos con Manuela la colombiana y los franceses Clementina y Cedric
del hostal, así que seguimos tomando un
par de horas más, a final de cuentas termino siendo una feliz navidad.
Todavía estuvimos un par de días más en Otavalo, un pueblo donde la
mayoría de la gente son indígenas con sus vestimentas y estilos típicos, con un
mercado y una plaza muy peculiar. La plaza de los ponchos es un lugar sumamente
interesante por lo polifacético, una plaza bastante grande que tuve oportunidad
de apreciar en todas sus presentaciones desde la terraza del hostal, donde por
la mañana se llena de color y puestos de artesanías, donde no se distingue nada
más que vendimia, pero por la noche comienza a tomar forma de plaza pública con
unos pequeños kioscos con banquitas para que la gente tranquilamente se siente
dejando atrás todos esos puestos, y que a media noche se vuelve la casa de
muchos perros callejeros que acuden a ese lugar para hacerlo su territorio,
hasta que llega la mañana del día siguiente y vuelve a comenzar la rutina de
ruidos de gente levantando de nueva cuenta sus puestos y regresando a ponerle color
y estilo a esa plaza. Finalmente un día, acompañados de Lian un amigo argentino,
pudimos ir a caminar al mirador del colibrí y luego a la cascada de Peguche, la
cual implicaba caminar por un lindo sendero al lado del río, con algunas partes
en que había que caminar en puentes colgantes o brincar algunas rocas, para
después pasar por una piscina Inca hasta que de pronto a lo lejos se divisaba
una enorme cascada, la cual puedes terminar viendo de cerca e incluso caminar a
la parte alta donde hay unas cuevas.
Otavalo de una u otra manera termino regalándonos unos buenos momentos
para pasar la Navidad de este año, que aunque no fue en compañía de nuestras
familias, si nos permitió estar bien acompañados en todos sentidos. Algunas veces
en la vida las fiestas decembrinas serán diferentes pero si tienes fe siempre pasará
algo bonito, en la tarde mientras hablaba con mi hermano él me dijo: ten fe y
tendrás tamales en la noche. A final de cuentas sucedió el milagro de la
navidad, pues de la nada se aparecieron esos tamales.
Escrito por David Herrera González.
29 de Diciembre de 2015.




(Gracias por invitarnos a compartir con ustedes Sonia y William)

No hay comentarios:
Publicar un comentario